Al diputado Sánchez (lo de “señor”, visto lo visto, me parece decir demasiado):

Se ha hablado mucho estos días de su “fraude electoral”, y aunque no tengo un conocimiento lo suficientemente fundado sobre los artículos de la Ley que lo define y regula, sobre usted sí que tengo una opinión, más o menos, fundada.

Y no hablo del PSOE como partido, ni de los ideales que defiende, ni de sus compañeros (entre los que ha habido y hay grandes políticos y Hombres de Estado), ni aún menos de sus votantes, a los que respeto profundamente y con los que estoy segura de que comparto muchas cosas (aunque confieso que en estas últimas elecciones, por primera vez, he decidido no votar, ante la ausencia de un candidato que me representase y la certeza de que un voto en blaco sumaría a una de las opciones que había descartado). No, no hablo de ellos. Hablo única y exclusivamente de usted, de sus contradicciones y de sus principios cambiantes.

A veces creo que en su propia novela – una novela que, visto lo visto, seguramente, haya firmado usted pero haya escrito otro – se ve a sí mismo como el apuesto protagonista, montado en su caballo blanco y al que todo el mundo idolatra. Si me pregunta, yo dudo si darle el papel de soberano déspota o el de mercenario sin escrúpulos.

De querer limitar el uso del Decreto Ley a batir su record de uso – incluso para modificar el Código Civil – en sólo unos meses; de defender la transparencia en asuntos oficiales a sus viajes con consorte – unos asuntos oficiales tan relevantes que los secretos que les rodean han sido calificados de oficiales también – a Benicassim o Nueva York; de sus críticas al “capitalismo de amiguetes” a crear más de 500 cargos a dedo; de renegar de los independentistas y de Iglesias a apoyarse en los primeros y ofrecer una vicepresidencia al segundo; de pedir dimisiones a la oposición por mentir o presumir de títulos de dudosa obtención en sus currículos a… bueno, en fin, a lo que usted, yo y a estas alturas todos los españoles ya sabemos.

Sólo espero que en su sed de poder al precio que sea, la factura, que irá a cuenta de todos, no acabe saliendo demasiado cara. Porque, paradójicamente, aunque algunos de sus “nuevos socios” sean tan abiertamente partidarios de regular los precios, algo me dice que esta vez ellos van a vender su apoyo muy caro y no van a querer que nadie les ponga cortapisa alguna.

Y no se crea que somos tontos. Esta última convocatoria de elecciones no ha sido por el bien de todos y el pacto que ahora plantea probablemente tampoco lo será, o al menos esa no es la razón principal por la que quiere llevarlo a cabo. Usted sólo hace las cosas pensando en sí mismo, no va a convencerme de lo contrario. Y creáme, los que me conocen saben que cuando digo “no es no”, yo sí que lo digo en serio.

Raquel Canseco