Fuera de los debates sobre la Mesa por el futuro de León y de la salida del Reino de León de la autonomía de Castilla y León también hay salvación aunque no lo parezca. Por ejemplo, el campo arde en media España menos en León, la cuna de las revueltas agrarias en los esperanzadores años de la Transición. Los sindicatos agrarios, muy poderosos en otros tiempos, guardan silencio tanto sobre su posicionamiento con respecto a la Mesa por el futuro de León, como –lo más sorprendente- sobre las reclamaciones de sus compañeros de otras provincias. Protestan los agricultores de media España por los bajos precios de sus productos en origen, por la subida de los costes de producción, por la carestía de los seguros agrarios, por el abuso de los intermediarios y por la falta de respuesta europea a los efectos de los aranceles impuestos unilateralmente por parte de los Estados Unidos.

Agricultores zamoranos, palentinos o salmantinos, por no citar a los del resto de España, han sacado sus tractores a la calle, pero en León la maquinaria agrícola duerme tranquilamente en sus garajes. León es tierra de regadíos al límite y de productos rentables como el maíz, los forrajes o  -ya menos- la remolacha, el lúpulo o el vino. Los problemas en el cereal o en otros cultivos los cubre el maná de la PAC. Y los ganaderos son una minoría que no tiene ya ni fuerza para protestar por los bajos precios de la leche. El problema del campo leonés es que el agua embalsada ya no se puede estirar más y que cuando venga un año de sequía habrá que reducir los regadíos, eso sí, empezando por los regantes de Palencia, que el agua de Riaño es por y para los leoneses. Faltaría más. Problemas de ricos. Y de insolidaridad.

El campo leonés ha perdido su memoria histórica y su carácter reivindicativo. Se ha funcionariado. El desuso ha enterrado el recuerdo de las tractoradas de 1977, en el inicio de la Transición, cuando con la excusa de los bajos precios de la patata, nació el sindicato Unión de Campesinos Leoneses (UCL) y logró acabar con los restos del resistente franquismo en las organizaciones agrarias verticales. Fue un modelo para el resto de España. De esto sabe mucho Matías Llorente, quien ahora ocupa gran parte de su tiempo en la Diputación. Qué pena la muerte prematura de Gerardo García Machado.

En otro orden de cosas, también ha pasado muy desapercibidas en León las declaraciones a la agencia Efe del alcalde portugués de Oporto, Rui Moreira, sobre su propuesta de una alianza política entre España y Portugal siguiendo el modelo del Benelux –Holanda, Bélgica y Luxemburgo-. En tiempos de tensiones internas por el modelo autonómico español está bien que el regidor de la segunda ciudad portuguesa proponga alianzas políticas con España. En Galicia y Asturias se han interesado por las posibilidades de esa idea portuguesa.

En León existe una histórica reclamación para unir la provincia por autovía, a través de La Bañeza,  con la portuguesa Braganza, paso obligado a Oporto. Sería la salida natural del norte de Portugal a Europa y reforzaría la importancia logística de León en el cuadrante del noroeste peninsular. Diputación y Braganza han cerrado acuerdos en materia cultural y turística, pero se debería ir más allá. Ante el vacío leonés –y de Castilla y León-, el alcalde de Oportuno ensalza las relaciones con Galicia y en particular con la ciudad de Vigo, destacando la desaparición de hecho de la frontera entre ambos países en esa zona. Y pone como ejemplo de rentabilidad al Camino de Santiago, eje vertebrador del norte de Portugal con Galicia.

Ay, cuánto queda por hacer en esta tierra leonesa irredenta, huérfana de sociedad civil y maltratada por sus clases dirigentes, por mucho 16F y Mesa por León que se nos venga encima. Sigamos con las cortinas de humo para ocultar la incapacidad.