Concentrados, bien agachados sobre el suelo o subidos a una escalera, un grupo de estudiantes de la Escuela de Arte de León se afanan en sus labores de limpieza, mantenimiento y consolidación de algunas de las yeserías, azulejos, pavimentos y pinturas murales del soberbio palacio renacentista (S. XVI) de la localidad de Grajal de Campos, que, poco a poco, va recobrando algo de su antiguo esplendor.

Aunque es el último día de las prácticas, los alumnos, divididos en dos equipos, no se relajan. Hay mucho trabajo por hacer y este año la campaña ha sido más reducida en el tiempo, tan solo quince días debido a las restricciones impuestas por las consecuencias de la pandemia del coronavirus. Cuatro profesores  y monitores no solo han supervisado los trabajos sino que han participado activamente en las labores. Son Jorge Martínez, Marcos Cachaldora, Eugenia López y Belén Díez-Ordás.

Quitando yesos que ocultan pinturas/ MC

En el último día de trabajo, viernes 25 de septiembre, los esfuerzos se centran en dos lugares concretos: en la sala de recepciones del palacio, en el primer piso del palacio, donde un grupo ultima la limpieza y consolidación de las yeserías que recorren la puerta que en su día comunicaba este gran espacio con las habitaciones privadas de los condes. El trabajo es delicado. Hace falta pulso, precisión y paciencia. Hay que quitar el mortero que durante años ha ocultado las yeserías. No se saben bien ni cuándo ni porqué se taparon las yeserías. Bien por la llegada de nuevas modas o por cansancio, los condes decidieron hace un par de siglos ocultar esas yeserías, que no sólo decoran esta puerta sino, al lado, son evidentes en gran parte de una monumental chimenea. El trabajo de alumnos y profesores se limita a limpiar, quitar el mortero y fijar los dibujos y adornos que configuran las yeserías. Más tarde y documentado todo el trabajo, el arquitecto de la Junta deberá decidir qué grado de restauración se aplica o si se consolidan y se dejan tal y como han aparecido.

Estrellas doradas sobre un cielo azul, en las pinturas del oratorio/MC

LA SALA DE LA LOGIA

Al otro lado del palacio, en un extremo de la gran logia que mira a la plaza de armas del Ayuntamiento, en otra amplia habitación, otro grupo de alumnas procede a la limpieza, retirada de morteros y añadidos, reubicación de elementos y fijación del mosaico original de los suelos de esta dependencia. Una de las alumnas, acomodada en el suelo, hace una labor de auténtica cirujana. Milímetro a milímetro y con herramientas de arqueología de precisión retira pegotes de material incrustado en las baldosas originales, del S. XVI, olvidadas y maltratadas desde hace décadas.

Trabajando en el pavimento de la sala de la logia/MC

El sol entra a raudales por los enormes arcos de piedra de medio punto que conforman la enorme balconada de la logia. Las paredes exhiben polvo y suciedad acumulados desde hace muchas décadas. La puerta de acceso, decorada en piedra con elementos grutescos característicos del Renacimiento, espera paciente una limpieza a la espera de que una restauración aflore la decoración original. Lo  mismo sucede con los restos de los azulejos que un día componían el alargado zócalo de la estancia.

Puertas como ésta de la logia hay varias más en torno al patio cuadrado de columnas de piedra y arcos de medio punto, eje central del palacio. En un extremo, la monumental escalera, que el pasado año dio un buen susto a los conservadores al fallar los cimientos y abrirse enormes grietas en el pasamanos y juntas de las paredes. Subsanado el peligro, la escalera luce hoy en todo su esplendor. Es sin duda, uno de los elementos arquitectónicos de mayor valor histórico y artístico de todo el palacio.

El escudo de los condes en el oratorio/MC

EL ORATORIO

El tercer campo de actuación de los alumnos y profesores de la Escuela de Arte de León en esta minicampaña arqueológica de este año se ha centrado en el oratorio de los condes, una sala que tiene un mirador acristalado que se abre a la iglesia aledaña y desde donde los condes podían participar en los oficios religiosos sin necesidad de salir de su palacio. En este oratorio se trata de recuperar algunas de las pinturas murales en seco, la última prueba que ha llegado a la actualidad de la rica decoración que un día debió tener este espacio sagrado.

Se afanan los alumnos en consolidar un espacio con pinturas que dibujan un cielo azul repleto de estrellas doradas. Hay que actuar con precisión porque la pintura puede desaparecer con tan solo un roce. En los laterales del mirador que da a la iglesia se recuperan finas pinturas que trazan espacios que simulan bloques de piedra de sillería. Y, encima de esta ventana, ya se van perfilando los colores que un día configuraron el escudo nobiliario de los condes.

La imponente escalera renacentista/MC

Pequeñas c atas sobre las paredes indican que detrás de tanta cal y yesos se escoden más pinturas. Su rescate será ya cuestión de años, paciencia, profesionalidad y recursos técnicos económicos.

A partir de la próxima semana, una vez que alumnos y profesores de la Escuela de Arte de León hayan recogido sus bártulos, el palacio de Grajal volverá a ser visitable. Merece la pena. Es una auténtica joya de la arquitectura civil renacentista, muy maltratada, pero que desde hace años es objeto de una recuperación lenta pero segura. Detrás de esta recuperación hay trabajos como los que lleva a cabo la Escuela de Arte, pero sobre todo el impulso decidido del alcalde del municipio, Francisco Espinosa, quien a sus ochenta y bastantes años sigue con ilusión los trabajos de recuperación del palacio.

La Plaza del Ayuntamiento desde el interior de la logia del palacio/MC

La Escuela de Arte de León tiene abierto aún estos días el periodo de preinscripción y matriculación de nuevos alumnos. Sin duda, una gran oportunidad para los jóvenes y mayores enamorados del enorme patrimonio histórico y artístico de la provincia y de la urgente necesidad de su cuidado y mantenimiento. Una auténtica cantera de grandes profesionales. Las prácticas están garantizadas.