La provincia de León vive un proceso de catarsis. Cunde el sentimiento de fracaso colectivo. Los datos y la tendencia son abrumadores: crece el paro, aumenta el éxodo poblacional, envejece el medio rural, no hay alternativas al cierre de las minas y térmicas, la actividad económica es una de las más bajas del país, las pensiones son el principal ingreso en casi cien municipios… La lista puede ser interminable. Ya no es sólo la sensación de fracaso colectivo sino la de estar en un callejón sin salida o, mejor, ante un precipicio sin fondo.

Frente a esta dramática situación se ofrecen dos alternativas: 1) Echar la culpa a los de afuera, al enemigo exterior, en este caso a Valladolid y al gobierno autonómico, responsables de tanto olvido y dejadez. La solución: separarse de Castilla y León para combatir el agravio comparativo. El alcalde de León, el socialista Diez, lidera esta opción política.

2) Crear una Mesa por León que coordine las inversiones en la provincia previstas desde la Unión Europea, el Gobierno central, la Junta, Diputación y Consejo Comarcal del Bierzo.  Los sindicatos CCOO y UGT impulsan esta iniciativa de tono económico y a base de palo y zanahoria, es decir diálogo y movilizaciones.

La opción del alcalde de León hace hincapié en el ser y la de los sindicatos en el hacer. Sentimiento contra pragmatismo. Al final las dos opciones intentan lo mismo: dar un puñetazo en la mesa y llamar la atención de quienes tienen el poder de cambiar la situación, es decir el Gobierno central y la Junta, sin olvidar la iniciativa privada personificada en los empresarios.

Las dos coinciden en resaltar, otra vez, proyectos del pasado que no se han concretado: FEVE, Eje del noroeste, Torneros, reindustrialización, rescate de autopistas, AVE con Asturias, potenciación del aeropuerto, Parador de San Marcos, etcétera. Más de veinte años mareando la perdiz sobre los mismos temas. Evidentemente hay que exigir el cumplimiento de estas promesas incumplidas, pero no atascarse en estas reivindicaciones históricas como justificación de la inmovilidad.

Hay que dejar de mirar al dedo y centrarse, a lo lejos, en la luna. Es necesario plantear alternativas de futuro a medio y largo plazo. Luchar contra el mapa autonómico está bien como objetivo sentimental, pero hay que buscar alternativas viables y de futuro. Y, a ser posible, con nuevos aliados estratégicos. Ante el bloqueo que supone para León un ente como Castilla y León no vale ya la actitud quijotesca de luchar contra aguerridos gigantes, entre otros motivos porque son molinos, no gigantes.

La logística es fundamental en un territorio estratégico como León. La implantación de  plataformas de distribución  como Decatlón, Zara o Mercadona reafirman la importancia estratégica de León como eje vertebrador del todo el noroeste. Se impone, pues, una alianza de ciudades y proyectos. Liderar la vertebración de los ejes logísticos de Benavente-León-Ponferrada-Avilés/Gijón.  Ello supone la eliminación de los peajes de las autopistas de Asturias y Astorga, la llegada del AVE a Ponferrada, la autovía Ponferrada-Orense, la conexión con el norte de Portugal. Los intentos de hacer realidad el Eje del Noroeste peninsular frente al Mediterráneo se diluyen por falta de peso político y de una acción eficaz de lobby.

En este sentido haría mejor el alcalde de León en liderar esta alternativa y reunirse con sus homólogos de Benavente, Ponferrada, Gijón, Avilés y Oporto en vez de atrincherarse en el victimismo, que tan parcos resultados ha dado a León. Y dejar que los sindicatos hagan el trabajo sucio de las movilizaciones. La presión de la calle siempre es positiva  si va acompañada de una estrategia de mayor altura de miras.

Por ejemplo, ¿cómo se está afrontando desde León el Brexit? Respuesta: de ninguna manera. El Brexit es una oportunidad, sobre todo para sectores punteros de la economía leonesa como la ciberseguridad, la agroalimentación o la biotecnología y veterinaria. León necesita un  objetivo de fututo y cerrar filas en torno a él.

Otro ejemplo. El Hermitage ruso busca sede en España. Proyectos museísticos casi imposibles han cambiado la imagen y la vida de ciudades como Bilbao o Málaga. ¿Por qué no León? Miremos a la luna y dejemos que los idiotas sigan embelesados con el dedo.