Todos los partidos políticos que compiten en las elecciones generales del domingo 28A ignoran o pasan de puntillas sobre un tema importante: la reestructuración bancaria. Todos han olvidado que la intervención bancaria por parte de la Unión Europea ha costado a los bolsillos de los ciudadanos más de cien mil millones de euros. Ahí está, por ejemplo el caso de Bankia. ¿Algún partido propone en su programa la venta de las acciones que tiene el Estado en este banco nacionalizado? El objetivo sería recuperar parta del dinero público que se usó para sanear el enorme estropicio que provocaron las decisiones políticas de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y de Rajoy. La salida de Bankia a Bolsa ha sido una de las mayores irregularidades política y económica de los últimos veinte años en España, cuyas responsabilidades judiciales están aún por dilucidar. Incluida la gestión del Banco de España, CNMV y empresas privadas como Deloite.

¿Y qué dicen los partidos que se presentan a las elecciones del domingo del futuro de la banca? ¿están o no de acuerdo en nuevas fusiones? ¿es posible una banca pública? Algo deberían decir. Ahí está, por ejemplo, la fusión en marcha del banco andaluz Unicaja con el asturiano Liberbank. La suma de estos dos pequeños bancos dará lugar a un tercer banco pequeño. Eso sí, gracias a las sinergias de la fusión, el banco resultante obtendrá desgravaciones, ayudas y beneficios que se pagarán a costa del ciudadano y cuya primera consecuencia será el despido y traslado de varios cientos de empleados, el cierre de decenas de oficinas y otros recortes sociales a la plantilla resultante. Y todo para casi nada, para que a corto plazo el banco resultante inicie una nueva fusión o absorción con otra entidad de mayor tamaño. Europa ya ha dicho que el volumen medio de negocio de un banco deberá ser de 300.000 millones de euros.

El resultado es el desapego absoluto de los bancos con el territorio y sus clientes. La innovación tecnológica ayuda a ese proceso. Salvo los bancos que tengan fundaciones, nada une ya al negocio con las personas. Ahí está el claro ejemplo de Unicaja, banco andaluz que tiene una potente fundación, principal accionista del banco. Esa fundación lleva a cabo una intensa acción social, asistencial, educativa, cultural y deportiva en Andalucía, sobre todo en Málaga, zona histórica del banco; el resto del territorio, sobre todo Castilla y León, es intrascendente, sólo importa al banco como parte necesaria del volumen del negocio. Sin retorno. Sin contraprestaciones. Aquí sólo buscan la máxima rentabilidad: negocio al menor coste posible. Clientes anónimos y empleados desmotivados.

El desapego de Unicaja con la provincia de León es absoluto, de ahí, que en un acto de desesperación, la Fundos (fundación heredera de las antiguas cajas de ahorro España y Duero) haya presentado una demanda contra el banco andaluz por importe de cien millones de euros por incumplimiento de un acuerdo de segregación que Unicaja heredó. Una pataleta. Y poco más, que, eso sí, deja en evidencia la falta de compromiso de Unicaja sobre todo con los leoneses.

Pero ¿y el futuro? ¿A quién importa el futuro del sistema financiero de España? Está claro que a los partidos políticos que se presentan a las elecciones del domingo no les interesa demasiado. ¿Cuándo y cómo se van a devolver a los españoles los más de 100.000 millones de euros que nos ha costado el saneamiento (impune) de las cajas de ahorro? Busquen las respuestas en los programas electorales de PP, POSE, Cs, Podemos o VOX.