El PSOE es el claro ganador de las elecciones generales. Y lo lógico es que, siguiendo la coherencia de la campaña electoral y, sobre todo, de los debates electorales, PSOE y Podemos conformen el futuro gobierno de la nación, con el apoyo de partidos minoritarios y, especialmente, con la abstención de Esquerra Republicana. Un pacto PSOE y Ciudadanos es imposible (bueno, en política no hay nada imposible). A menos de un mes de las elecciones municipales, autonómicas y europeas si el PSOE pactase con Ciudadanos sería entregar otra vez la izquierda a Podemos; y al revés, si Ciudadanos pactase con el PSOE, los naranjas entregarían otra vez la derecha al PP. Así que, la única salida es un gobierno de izquierdas. Ciudadanos aspirará el 26M a rematar la lona al PP y el PSOE a rematar su predominio en la izquierda.

Dicho esto, también es verdad que nadie va a mover ficha en las menos de cuatro semanas que quedan para el 26M. El PP, el gran derrotado, no tiene margen de maniobra. Ni siquiera se puede apelar a la dignidad para que dimita Casado porque eso sería entregar los votos que le quedan a Ciudadanos. Y el PSOE va a seguir apelando al voto útil de la izquierda, mientras que a Ciudadanos no le queda más remedio que seguir radicalizando sus mensajes para desahuciar definitivamente al PP y quedarse con el control de gran parte de las instituciones que hasta ahora han sido feudo hereditario de los populares. Ahí está el castigo histórico del PP en Castilla y León. De récord.

Lo lógico (sí, ya lo sabemos, en política no hay lógica) es que tras las elecciones municipales, autonómicas y europeas se conforme un gobierno nacional de izquierdas.  En Portugal llevan ya varios años con un gobierno de izquierdas y el país no se ha roto ni se ha desmembrado sino todo lo contrario. Anoche han perdido los partidos del miedo, los que han utilizado el mensaje de que España se rompe. La extrema derecha ha sido frenada en seco. Un gran alivio.

En la campaña, Podemos ha demostrado una moderación encomiable. Y sus mensajes han sido claros y reformistas. Hay que entrar a corregir las medidas que en España han provocado la enorme precariedad laboral y, sobre todo, la desigualdad social. Hay un enorme trabajo por hacer en materia de sanidad pública, pensiones, educación y cohesión social. Por no hablar del problema territorial, que sólo se podrá solucionar a base de diálogo, tender puentes y, a la vez, dejando claro el respeto a la Ley, a la Justicia y a la Constitución.

¿Y la economía? Las elecciones las ha ganado un partido claramente europeísta, el PSOE, a gran distancia del resto de los partidos. Así que será el PSOE quien marque la política económica con una tendencia clara hacia una aplicación progresiva de la fiscalidad y la creación de nuevos impuestos a las rentas más altas, sobre todo a la banca o a las grandes corporaciones tecnológicas. En este sentido, ya se ha visto que la subida del salario mínimo no ha sido una catástrofe económica y que hasta en diez meses, el Gobierno de Sánchez ha logrado rebajar el déficit por debajo de las exigencias de la Unión Europea.

Hay que esperar a que PSOE y Podemos inicien conversaciones (después del 26M) para ver qué sucede, por ejemplo, con Bankia y su posible desnacionalización o las fusiones en marcha, como por ejemplo Unicaja-Liberbank, que bien poco van a aportar, por sí solo, a la consolidación del sistema bancario nacional.