Me gusta ir a votar temprano y cumplir con tranquilidad con esta ceremonia dominical laica y democrática. Me gusta coger las papeletas en el propio colegio, meterme en la cabina, correr la cortina y, en este caso, poner las equis de mi puño y letra en los cuadritos de mis candidatos preferidos al Senado y no necesariamente del mismo partido. Y un par de segundos para lamentarme de que no haya también listas abiertas para el Congreso de los Diputados. Algún día se reformará la Ley Electoral y este tipo de elecciones dejará de estar tan encorsetada y tan al gusto de las jerarquías de los partidos políticos. La disciplina no se ejerce por imperativo sino por convencimiento.

No es que tuviera dudas de mi intención de voto, pero camino del colegio electoral, con un frío que pela, le he ido dando vueltas a esas pequeñas cosas que te hacen reflexionar antes de votar. Por ejemplo, la imagen de este joven leonés, Rubén Muñoz Trapote, quien exponía el viernes por la tarde su caso empresarial de éxito ante los graduados de la Facultad de Económicas y suscitaba en todo el auditorio admiración y envidia sana. Un chaval que aún no se había graduado y, junto a dos compañeros, ya ideaba proyectos, como la app Mr Jeff, una plataforma de servicios integrales extendida ahora en 32 países, con 1.780 puntos de atención y con más de 550 empleos. Y la sede está en Valencia, lo que hizo dar un respingo de su asiento al alcalde, Diez, quien quiere poner en marcha de una vez por todas su anunciada estrategia de regreso de talentos a León. Este joven emprendedor de éxito representa el sueño americano convertido en realidad a la española. Cuántos Rubén Muñoz necesita León. Para que se hagan realidad más sueños de este tipo hoy deposité mi voto en la urna. Es necesario que el talento se quede en León.

Y pensaba también en los pocos vecinos que en invierno quedan en el pueblecito berciano de Peñalba de Santiago, hermoso, único, cargado de arte e historia e incomunicado y dejado de la mano de dios de las nuevas tecnologías. El otro día casi arde todo el caserío, junto con su iglesia mozárabe, porque los vecinos se las vieron y se las desearon para dar aviso del fuego por falta de cobertura telefónica. San Genadio echó un capote y el fuego no terminó en una tragedia absoluta. Es la imagen de la desolación de la España vaciada, vacía, despoblada, indefensa, olvidada, herida de muerte, envejecida, eternamente marginada. Para cambiar de verdad esta situación he depositado mi voto.

Y le daba vueltas a mi cita de este próximo martes en Astorga, en el debate que hemos organizado desde la Fundación MonteLeón sobre “Periodismo y Literatura. Salto mortal sin red”. Cuatro grandes periodistas que han buscado refugio, aire puro, renovación y libertad en la literatura, cuatro grandes periodistas como Francisco Muro, Juan Carlos Vázquez, Emilio Gancedo y Carlos Fidalgo. Ellos nos contarán como está el periodismo en esta tierra esteparia y las razones por las que han dado el salto mortal ¿sin red? a la literatura. Para defender la cada vez más acosada libertad de expresión también he votado esta mañana.

Y después de votar, unos churros con un café bien caliente, la compra del pan recién horneado y la disposición de terminar el repaso a la lectura de “La Catedral”, de Vicente Blasco Ibáñez, un libro regalo de mi amigo y médico Luis Salvador Pérez Herrero . Una visión crítica de lo que pudo ser y no fue la historia de España. Para que los cambios no se queden en intentos fallidos también fui a votar esta mañana.