Rogelio Blanco (Morriondo de Cepeda, 1953) recibe hoy en la Real Colegiata de San Isidoro – uno de los símbolos de ese León tan suyo – el premio «Leonés del Año 2019», un premio de reconocido prestigio que cada año otorga el Grupo Radio León y en que sucede a Juan Pedro Aparicio.

Doctor en Ciencias de la Educación; licenciado en Filosofía y Letras; licenciado en Antropología y Ciencias del Hombre; diplomado en Sociología Política y también en Cooperativismo, su actividad siempre se ha vinculado a la cultura, poniendo un énfasis especial en la leonesa.

Blanco – que lleva años vinculado a la Fundación MonteLeón, no solo siendo presidente del Jurado de su Premio de Relatos Breves sino también participando en actos culturales como el filandón sobre el estado de la cultura leonesa organizado el pasado año con motivo del 30 aniversario de ésta – nos concede una entrevista para contarnos cómo se siente al recibir este reconocimiento, que representa la gratitud de todos los leoneses a su gran labor en defensa de la cultura de esta tierra.

¿Qué significa para Rogelio Blanco ser el «Leonés del Año»?

Cuando recibí la llamada de Fernando Suárez – presidente del jurado – me emocionó, no me lo esperaba. Para mí como leonés este reconocimiento tiene un significado especial: sentir el cariño de tu tierra es algo que «te pellizca» y lo recibo como un abrazo de afecto.

De todos los garlardonados que le han precedido ¿hay alguien a quien sienta especialmente cercano?

Precisamente, a mi precedesor, Juan Pedro Aparicio, ya que los dos compartimos la lucha y el empeño por conseguir el reconocimiento por parte de la UNESCO de los decreta curiales de las Cortes de 1188 como testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo.

Pero también me siento muy próximo a José María Merino, Luis Mateo Diez, Amancio Prada, Antonio Colinas… todos ellos, además de leoneses motivo de orgullo para esta tierra, son para mí grandes amigos.

Ha sido uno de los principales responsables de que el mundo reconozca uno de los estandartes del patrimonio histórico leonés, un patrimonio que es especialmente rico…

Absolutamente, en León hay un venero de manifestaciones culturales intenso, manifestaciones que se caracterizan en su mayor parte por la lucha por la libertad. Tenemos también los fueros de León dictados por Alfonso V en 1017, la primera recopilación de fueros en la península ibérica, una singularidad única que creo que es algo define la forma de ser de un pueblo, su carácter, su idiosincrasia. Tenemos también a tres de los referentes del pensamiento anarquista español – Buenaventura Durruti, Ángel Pestaña y Diego Abad de Santillana – que defendieron a capa y espada en un momento muy complicado la libertad y la defensa de los oprimidos.

Además de un patrimonio histórico y cultural inmenso, nuestra gastronomía y nuestro patrimonio natural son también envidiables. Somos la provincia con más kilómetros de Camino de Santiago – Goethe dijo que Europa se construyó caminando hacia Santiago – y el espacio natural con más hectáreas de Picos de Europa; somos un territorio riquísimo en materias agropecuarias, minerales y energía, que siempre hemos compartido generosamente.

Por eso llama la atención que se sea tan «tacaño» con un territorio que históricamente ha sido tan generoso, un territorio que ha impulsado las libertades, que las ha compartido y al que, paradójicamente, no se le deja ni tan siquiera expresar su propia palabra ni defender su propia identidad. Un estado moderno social y de desarrollo se basa en tres pilares: el demográfico, el económico y el democrático: León está sufriendo una profunda erosión en los tres.

Precisamente de esto habla «Tierra de Libertades», su último libro…

Sí, es una reflexión sobre la historia de una región, la nuestra, que una y otra vez ha luchado por manifestar su entidad a través de personajes concretos que han creído necesaria la libertad, no sólo para ellos mismos sino para todos.

Paradójicamente estamos en una época en la que, a pesar de que «sobre el papel» disfrutamos de una libertad sin precedentes, están surgiendo posturas radicales como la cultura de la cancelación, las amenazas a las voces disonantes, la manipulación de la historia…

Es algo muy preocupante y personalmente, lo que más me inquieta es que la gente normalice este fracaso hasta el punto de pensar que «es lo que nos ha tocado vivir» y no se luche por mantener unas libertades que tanto ha costado conseguir.

Como profesor, escritor y editor ¿cómo ve la educación, la literatura y la cultura?

En lo que se refiere a la educación, siempre hay que evitar caer en la complacencia y hay que ser ambicioso, buscar siempre más, pero creo que los jóvenes de hoy están magníficamente preparados: idiomas, tecnologías, versatilidad…

Por otro lado, me da mucha pena ver como, aunque los indicadores de educación tanto en enseñanzas medias como universitarias, León está muy bien posicionado, la gran mayoría de esos jóvenes tiene que buscar su futuro fuera. Es una doble pérdida: por su preparación y por su juventud.

La literatura sigue muy viva. Se ha creado un debate en torno al temor de que la irrupción del mundo digital acabase con los libros. Pero lo digital no deja de ser un soporte más, lo importante es el libro o mejor dicho, lo importante es que la gente lea. Ójala hubiese muchos más soportes para que todo el mundo encontrase una manera de acomodarse a la lectura.

Y en cuanto a la cultura, ahora preocupa la crisis. Las crisis suelen afectar muy negativamente a la cultura: cuando llegan tiempos de bonanza, es la última que se beneficia, pero cuando llegan las crisis es la primera en sufrir. No reconocemos su potencial económico, de generación de empleo y riqueza; un potencial que en particular, en una provincia como León en mi opinión, debería usarse como un gran generador de oportunidades.