Rogelio Blanco es, sin duda, heredero de aquellos humillores (humildes u hombres buenos) que en el siglo XII impusieron al rey, al clero y a la nobleza su presencia en las Cortes de León de 1188, convirtiéndolas en el primer antecedente democrático el mundo. Es una especie de llanero solitario, culto y apasionado por la trayectoria de libertades del viejo Reino de León. Hay quien califica a Blanco de quijote del siglo XXI o de un hombre renacentista, pero la verdad es que es una consecuencia de la Ilustración, de los enciclopedistas que protagonizaron la Revolución Francesa y cuya primera declaración de los derechos fundamentales de la persona se asienta en los antecedentes medievales de la declaración de 1188 en León.

El humanista Blanco, director general del Libro en el Gobierno de Zapatero, tuvo un protagonismo determinante en la declaración de la Unesco en 2013 de Seúl en la que se reconoció oficialmente a las Cortes de 2018, los famosos Decreta, como las primeras del mundo en incorporar al estado del pueblo llano, a unas Cortes que limitaban el poder de la Monarquía y reconocían por primera vez una serie de derechos inalienables de las persona.

Todo este proceso hasta lograr la declaración  de la Unesco en 2013 lo  cuenta Rogelio Blanco en su libro “Las Cortes leonesas de 1188. Primeras Cortes parlamentarias”

Rogelio Blanco
Mesa presidencial en el acto de presentación del libro de Rogelio Blanco /MC

-¿Cómo llegó León a celebrar en 1188 las primeras Cortes democráticas del mundo? ¿Fue una casualidad, un caso aislado…?

-No, no se llega a 1188 por casualidad sino porque hay toda una tradición, los fueros, las cartas pueblas, cartas de repoblación… Los textos anteriores a 1188 son impresionantes. Y hay una razón más potente. Cuando uno recurre a los archivos se ve que existe una gran cantidad de micropleitos, lo que significa que los humillores, los humildes o labradores, se enfrentaban a los nobles, era un atrevimiento que en esa época no pasaba en ningún lugar de Europa. Esos microjuicios no significaban la explotación o el dominio de los nobles sino todo lo contrario, es decir los humildes se atrevían a disputar el poder  a los poderosos y enfrentarse a ellos en juicios. Esto sólo sucede en el Reino de León y en ningún otro lugar de Europa.

-Es decir, había antecedentes que provocaron la celebración de las Cortes de 1188.

-Claro. Tengamos en cuenta que en este momento histórico el Reino de León tiene más fueros que en el resto de Europa, hay 133 fueros en el Reino de León. Los historiadores se ponen de acuerdo en decir que los leoneses son foreros, es decir sujetos a fueros, que se contraponen a los castellanos, que son pecheros, es decir sujetos a impuestos. Al punto que los fueros de León permiten o se preguntan si un humilde puede irse de su espacio o territorio, que había tres: realengo, abadengo o señoríos, porque en otros sitios el labrador quedaba adscrito a la tierra, pero en León la respuesta es que los humildes u hombres buenos pueden irse setenta veces siete, es decir siempre.

Los leoneses eran hombres libres per se. El leonés tenía libertad de movimiento, cosa que no había en otros espacios, no era posible.

Rogelio Blanco
El público abarrotó el salón de actos de la Colegiata de San Isidoro/ MC

-Leoneses como hombres libres ¿es un hecho que ha marcado carácter en el ser del leonés?

– Sí, ha marcado carácter, claro que sí. No sé hasta dónde se puede hablar del modo de ser de los pueblos. Ortega decía que más que naturaleza tenemos historia y Laín Entralgo le corregía y añadía que se es naturaleza-histórica; es decir somos un cúmulo de pretéritos. Eso es la idiosincrasia de los pueblos, que es lo que les hace ser diferentes.

En este sentido, la pregunta que debemos hacernos es porqué en el noroeste de Europa,  es decir en esta esquina de la Península Ibérica sucede este espacio de libertades. El feudalismo en el resto de la península seguía un modelo europeo y duro, mientras que en esta parte del noroeste había límites al poder de los señores. Cuando uno lee el fuero de 1117, se ve como, por ejemplo, si un pendenciero, un delincuente, logra evadirse de la justicia durante un tiempo, queda libre. Y lo mismo que se recomienda que cuando un forastero llega a una ciudad sean acogidos. Esto no es concebible en ningún espacio geográfico salvo en León.

Rogelio Blanco
Rogelio Blanco charla con el alcalde de león /MC

FINA DIPLOMACIA Y LOBBYS

-Descendamos a la materia del libro ¿cómo se consiguió que la Unesco reconociese las Cortes de 1188 como las primeras democráticas del mundo?

-Bueno, en el libro cuento cómo se produce la presentación de la documentación ante la Unesco, como se estableció y se desarrolló. Una vez que esa documentación se presenta ante la Unesco se produce una actuación de lobbys para intentar frenar nuestra iniciativa. Hubo presiones internas y externas para que no consiguiéramos nuestro objetivo.

Los ingleses, por ejemplo, no estaban dispuestos a perder su grado hegemónico con el elemento representativo de su Carta Magna como primera carta de derechos humanos, pero es que es mentira. Ese paso no se da en Inglaterra hasta el 1152. La carta de Juan Sin Tierra es una carta otorgada en la que no participa el pueblo.

Nosotros logramos el éxito gracias a que recurrimos a autoridades sajonas y no españolas para justificar que nuestra Cortes fueron las primeras predemocráticas del mundo y que desde la propia Inglaterra se reconocía ese hecho histórico.

-Por lo que se ve, no fue un camino fácil.

-No. También cuento cómo hubo que pactar con determinados países que presentaban sus propias candidaturas, como por ejemplo Cuba, Venezuela o Bolivia que presentaban las cartas y el diario del Che Guevara, lo que provocó el enfado de los Estados Unidos. Tuvimos que practicar el yo te voto y tú me apoyas. Salieron aprobados los diarios del Che Guevara y nosotros conseguimos el reconocimiento para las Cortes de 1188.

Fue una fina labor diplomática, aunque desde  el Gobierno español de entonces, del PP, no se hizo nada. Aunque hay que reconocer el apoyo de Javier Muñoz, delegado de Cultura de España en la Unesco en París y fue el único que nos ayudó. Porque el representante español que fue a la cumbre decisiva de Seúl no apareció, se perdió por las playas asiáticas.

Una vez que la Unesco acuerda y reconoce que el documento de 1188 de León es el primer documento palpable de Cortes parlamentarias, aquí se apunta todo quisqui y, sobre todo, a nivel interno. Puigdemont desde Cataluña había defendido que las primeras Cortes eran las catalanas; desde castilla y León se presentaban las Cortes de Carrión, de Burgos o de San Esteban de Gormaz, pero es no tienen nada que ver, en todas esas Cortes no hay participación del pueblo.

La declaración fue casi un empeño personal mío como director general en el Gobierno de Zapatero. Hay que tener en cuenta que hasta 2005 España no participó en el programa que años antes había puesto en marcha la Unesco para este tipo de reconocimientos. El primer documento que España, juntamente con Portugal, presentó fue el Tratado de Tordesillas; el segundo, las Capitulaciones de Santa Fe y luego, las Cortes de León y otros.

-¿En León somos conscientes de la importancia de este hecho histórico?

-En León lo estamos vendiendo muy mal. Estamos entretenidos en polémicas que no van a ningún lado y, en segundo lugar, lo estamos centrando en León. Este es un documento del Reino de León y que en esa época comprendía Asturias, Galicia, el norte de Portugal y hasta Extremadura. En ese momento no había capitalidad, la capital era la sede de la Corte, era itinerante. No había concepto jurídico de capitalidad como hay ahora. Esta documentación pertenece a todo este espacio histórico del noroeste peninsular. Es un error centrarlo solamente en León. Es una pérdida de suma de voluntades. Deben implicarse Galicia, Asturias y Portugal. Es decir, estaos ante una auténtica Carta Magna Ibérica, no sólo de León. Estamos ante una pérdida insultante de fuerza que no sabemos aprovechar o pone en valor.

Además de popularizar este hecho en estos momentos críticos para las libertades,  yo haría una historia correcta y eliminar todas las mentiras que rodean a este evento, que está cargado de mentiras. Y habría que vincular al documento de las Cortes de 1188 todos esos otros documentos en torno a la libertad que hay en León, como los fueros, las ordenanzas concejiles, las cartas pueblas; es que hay mucho contenido, hasta el punto de que Claudio Sánchez Albornoz decía que León era la tierra de las libertades.