Por una vez estoy de acuerdo con Albert Rivera. Ni los bancos  ni la patronal han votado el 28 de abril. Han votado los ciudadanos. De esta manera, el líder de Ciudadanos se quitaba de encima la presión de los poderes fácticos económicos para que su partido preste apoyo parlamentario al PSOE y facilite en junio la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. El dinero tiene miedo a un Gobierno de coalición PSOE-Podemos y hasta de un mero apoyo parlamentario de Podemos a Sánchez. Temen que Podemos marque la estrategia económica del futuro Gobierno de Sánchez. Creen que Rivera sería más moderado. Los bancos y la patronal tienen miedo a la nueva fiscalidad que propone el PSOE y que se jalea desde Podemos. Que los bancos paguen más impuestos y que se haga realidad la fiscalidad progresiva y que las grandes empresas paguen más.

La salida de la crisis económica en España ha sido posible (aún estamos en la recta final) a las clases medias y trabajadoras, incluidos, claro está los autónomos, que se han empobrecido durante los gobiernos de Rajoy debido a la subida de impuestos (IRPF e IVA), a la bajada salarial, a la rebaja de prestaciones y, sobre todo, a la pérdida de empleos fijos y estables y su sustitución por empleos precarios, temporales y mal pagados.

Los ciudadanos han votado y lo han hecho mayoritariamente por el PSOE y, en menor medida, por Podemos. Al otro lado, los tres partidos de derechas, entre los que ha destacado Ciudadanos y su líder, Rivera, en descalificar sistemáticamente a Sánchez y al PSOE, partido en el que han centrado todos los males posibles de la patria.  Se antoja difícil que se pueda obrar en Rivera el milagro de San Pablo, es decir que se caiga del caballo y que cuando se levante se haya convertido al centrismo europeo y liberal. De hostigador del socialismo a compañero de viaje. Ay, los mercados, el miedo atávico a perder beneficios.

Claro que grandes empresarios y banqueros también pueden pensar que si Ciudadanos retomase al pie de la letra su ideología liberal y centrista, el Partido Popular lo tendría más fácil para superar el gran batacazo electoral de la noche del 28M y recuperar gran parte de los votos populares que emigraron a Ciudadanos. Ya se sabe, la gran patronal y los grandes bancos nunca quitan  ni ponen reyes pero siempre ayudan a su señor.

Rivera se ha dado cuenta de la jugada y prefiere mantener su estrategia de convertirse en el único líder de las derechas. No va  a facilitar un  Gobierno del PSOE. Rivera es prisionero de sus palabras de sus promesas y los electores tienen memoria, sobre todo cuando quedan tres semanas para acudir de nuevo a las urnas. A derechista y salvapatrias no le va a quitar nadie el puesto a Rivera.

En las elecciones generales del 28A, Ciudadanos se quedó a tan solo 200.000 votos del Partido Popular. ¿Se imaginan que el PP siga perdiendo votos y que en las elecciones municipales, autonómicas y europeas Ciudadanos logre el tan soñado sorpaso? ¿Se imaginan, por ejemplo, a Ciudadanos al frente de la Comunidad de Castilla y León o del Ayuntamiento de la capital leonesa? No es de extrañar que el portavoz de la Junta de castilla y León, el Pica, haya sido de los pocos líderes del PP en hacer autocrítica y reconocer que el error ha estado dentro del propio partido y no fuera. Menos FAES y más centrismo. Menos Aznar y más Herrera.

Por todo ello, Sánchez no moverá ni un papel para formar Gobierno. Esperará al resultado de las elecciones del domingo 26M. Y, mientras, dejará que la derecha se siga desangrando en guerras de taifas y que los mercados especulen, que es a lo que en realidad se dedican, a especular.