La Bolsa está por los suelos, las cifras de empleo del mes de julio han sido las peores desde el año 2008, el crecimiento económico se ha ralentizado en el último trimestre, en la provincia se marchan el doble de las empresas que se instalan, Estados Unidos y China se enzarzan en una guerra comercial de imprevisibles consecuencias para el mundo occidental, la cuenta atrás para un Bréxit salvaje ha comenzado y, mientras tanto, Pedro Sánchez ha decidido relajarse antes de decidir si intenta o no formar gobierno en España. No tiene prisa. Las encuestas del CIS le son muy favorables. Si hubiese elecciones en noviembre, el PSOE sería el partido más votado. Pero analizando esos datos la conclusión es que el resultado global sería el mismo que ahora: Aun ganando escaños, el PSOE no podría formar Gobierno sin la ayuda de Podemos y la abstención de nacionalistas e independentistas. Y vuelta la burra al trigo.

Bloqueo total. Pedro Sánchez insiste en pedir a PP o a Ciudadanos que se abstengan y permitan su investidura como presidente del Gobierno. Es un brindis al sol. Y Sánchez lo sabe. Fue precisamente Sánchez quien dimitió como diputado nacional como protesta por la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy. Ya lo decía el otro día García Egea (PP) en León: A Sánchez ni agua. No habrá abstención del PP bajo ningún concepto. Y lo mismo defiende un cada vez más radicalizado, desconocido y desnortado partido Ciudadanos. Rivera no dará su brazo a torcer y nunca apoyará la investidura de Sánchez.

El único responsable del bloqueo político en España es Sánchez. A él corresponde la iniciativa por ser el partido más votado, el único en torno al cual se puede articular la mayoría necesaria. Y él lo sabe, pero prefiere jugar al tancredismo de Rajoy: dejar que el tiempo arregle los problemas. Una estrategia que, como bien sabe Sánchez, fue catastrófica para Rajoy. ¿Por qué Sánchez se empeña en imitar a Rajoy y explorar estrategias ya fracasadas? La única explicación es que Sánchez se ha empeñado en acorralar y rendir por hambre y sed a Podemos de Pablo Iglesias, su aliado natural y lógico. Mal camino. Malo para el PSOE y peor para España.

En las últimas semanas se han producido en gobiernos autonómicos y ayuntamientos ejemplos sobrados de coaliciones o colaboraciones políticas eficaces entre PSOE y Podemos. También es verdad que se han dado casos contrarios, como en La Rioja. Pero entre los casos de éxito, como Valencia, Baleares, Canarias o Aragón, Sánchez tiene espejos donde mirarse. Dados los tiempos que vienen, España necesita un Gobierno, no un Gobierno cualquiera sino un Gobierno fuerte y eso sólo se consigue hablando y negociando. Como diría el añorado Anguita, primero hablando de programa y programa; después, de puestos y nombres. No al revés.

Y  mientras no haya Gobierno no habrá actualizaciones de las pensiones según el IPC, ni más recursos para la dependencia, reorganización fiscal y ni habrá nueva financiación para las autonomías y, ni mucho menos, nuevos presupuestos, por lo que Sánchez seguirá gobernando con unas cuentas prorrogadas del popular Montoro.

Lo único positivo de esta semana es que el Congreso y el Senado ya han conformado sus comisiones –tres meses después- , por lo que diputados y senadores ya cobran por trabajar. Eso sí, sigue son convocarse el pleno de control al Gobierno. Parece que a Sánchez le gusta gobernar en funciones aunque eso perjudique al interés general del país. ¿Hasta cuándo?