Inmersos como estamos en el proceso de constitución de ayuntamientos y comunidades autónomas, se nos ha olvidado que aún seguimos sin Gobierno y que las elecciones generales fueron ya en un lejano mes de abril. Casi dos meses y sin gobierno. Y, lo que es peor, sin atisbos de que se vaya a conformar a corto plazo. Anda el presidente Sánchez haciendo cábalas, especulando y hasta amenazando con nuevas lecciones. Y todo ello en silencio, sin dar grandes explicaciones.

Lo único que se sabe, y no porque lo cuente Sánchez, es la intención de Pablo Iglesias, el líder de Podemos, de ser ministro, aunque sea de Marina. De lo que sea. Pero Sánchez no tiene prisa y, lo que es peor, parece que no lo tiene claro. Primero quiere que se constituyan todos los gobiernos regionales, las diputaciones y hasta a este paso uno pensaría que está esperando a ver qué pasa con el culebrón del Ayuntamiento de León. ¿Diez o Silván? Uf, que miedo.

No sé qué tiene La Moncloa, pero debe de haber en ese caserón una especie de virus que fomenta en quien lo habita una cierta tendencia a la melancolía, el hieratismo, al tancredismo, al dejar pasar el tiempo, a que los problemas se solucionen viendo como el viento mece los plátanos de indias de los jardines presidenciales.

Hace falta un gobierno fuerte que, por ejemplo, encare los ya próximos efectos de la desaceleración económica. Sí, España crece por encima de la media nacional, pero es más por la inercia de los acelerones anteriores. Y ese efecto se acaba. Hay que decidir una estrategia económica, poner en marcha planes concretos a favor de la reindustrialización, compensaciones por la descarbonización, la regulación del 5G, sobre el Pacto de Toledo de las pensiones, los cambios en las reformas laborales, la negociación de los Presupuestos Generales y si se va a aplicar un política expansiva o habrá que recortar los 16.000 millones que exige Bruselas.

Hay que hablar de futuro y mucho de Europa. De los efectos del Bréxit, que parece que nunca va a llegar, pero está ahí a la vuelta del verano. O de los efectos nocivos de las guerras comerciales entre los EEUU y el resto del mundo. El riesgo es que ahora Sánchez se líe en el complejo proceso de nombramientos de la Unión Europa, salida de las elecciones europeas, y le dé por jugar a ser el líder de la socialdemocracia europea y se olvide de los problemas caseros españoles. Está bien que España y su presidente del Gobierno quieran tener un peso internacional potente, pero antes que cierre la asignatura pendiente de formar un gobierno fuerte en España. Que elija a sus colaboradores, que diseñe una estrategia a medio y largo plazo y que luego juegue a ser líder europeo. Cuánto más fuerte sea en casa, mejor imagen trasladará al exterior.

Hoy es la festividad de San Juan. Que buena fecha para quemar lo viejo en la hoguera de la política y estrenar lo nuevo. ¿Qué novedades nos trae Sánchez? ¿A qué les está dando vueltas para para formar gobierno? Que deje de marear la perdiz, que se centre, que se deje asesorar y, por favor, que se ponga manos  a la obra para formar un gobierno fuerte para afrontar los cambios imprescindibles y las reformas necesarias.  Que recuerde que ganó las elecciones, hace dos meses, con un mensaje de cambio. Pues que se ponga a ello. Que no maree más la perdiz.