La situación política española está  bloqueada, ¿quién la desbloqueará?, el desbloqueador que la desbloquee, buen desbloqueador será. Este es el quid de la cuestión: el bloqueo político que sufre España desde hace ya casi dos años. Ante la impotencia e ineficacia de los grandes partidos políticos nacionales, sobre todo del PSOE, para conformar gobierno tras las elecciones generales del pasado abril, el presidente en funciones no tuvo más remedio que convocar de nuevo elecciones –las cuartas en dos años- para este 10N. ¿Y qué pasa si de estas elecciones sale una situación parecida, diputado arriba, diputado abajo? ¿se volverán a convocar las quintas elecciones? ¿y así sucesivamente, es decir de derrota en derrota hasta la victoria final? Resumen: hace falta un desbloqueador.

Las encuestas son persistentes al insistir en que ninguno de los dos bloques (izquierda y derecha) va a lograr la mayoría absoluta. Y si alguno de ellos intenta en serio buscar una mayoría estable deberán contar con los nacionalistas/independentistas. La soga en casa del ahorcado. Porque lo único que ha quedado meridianamente claro en los debates de las últimas horas es que no habrá acuerdos transversales. Todos rechazan la gran coalición (PSOE/PP) o la gran abstención de PP o Ciudadanos para permitir la investidura de Sánchez, en el caso de que el PSOE sea el partido más votado. Así que si no hay gran coalición ni abstenciones, la conclusión es más de lo mismo, es decir bloqueo y bloqueo.

Desde Podemos se insiste en que la única solución es un gobierno de coalición con el PSOE. Tuvieron su gran oportunidad. Y ¿darán lo números esta vez? PSOE y Podemos vienen escenificando en estos debates un auténtico choque de trenes. Ambos se acusan de ser el responsable de hacer fracasar el gobierno de coalición en el verano pasado. Podemos quiere poder y el PSOE no se fía. Y aquí quizá tenga razón Sánchez. ¿Qué hubiera pasado en un hipotético gobierno de coalición PSOE-Podemos tras el estallido de los graves incidentes violentos en las calles de Barcelona tras la sentencia contra los políticos secesionistas? Podemos mantiene aquí una postura totalmente contraria a la del PSOE. Hubiera estallado por los aires.

Sí, el efecto catalán ha sido, es y será determinante en la formación de un Gobierno en España. El efecto  catalán ejerce una posición de bloqueo. PP y Ciudadanos han  radicalizado tanto sus posturas que hacen inviable una abstención para que gobierne Sánchez, salvo que éste, claro está, ponga en marcha el artículo 155. Y, por el otro lado, los independentistas tampoco ayudan, por mucha cara de cordero degollado que ponga en los debates el republicano independentista Rufián. El portavoz de Esquerra Republicana siempre aboga de palabra por el diálogo, pero en Barcelona el diálogo se convierte en barricadas ardiendo en las calles, en incitación a la violencia, en corte de autovías, en sabotajes en la red ferroviaria. ¿Este es el diálogo que propone Rufián? Así no se puede avanzar. Más bloqueo.

Como solución, Sánchez aboga por el yo o el  caos. Exige una mayoría para gobernar. En el otro lado, el bloque de las derechas, pide la suma de votos para echar al anticristo Sánchez. Dos bloques irreconciliables y sin posibilidad de que uno se imponga al otro. Así que lo fácil es echar la culpa a la mayoría silenciosa, es decir a los ciudadanos, a los electores por no saber votar.

Hace falta un desbloqueador, pero, la verdad, es que no se adivina en este horizonte cercano del 10N. Lástima. Así que, cabreado y desmoralizado,  echo mano, una vez más, de las catilinarias: ¿Hasta cuándo, oh políticos, abusaréis de nuestra paciencia?