Ha sido una semana de vértigo. Con múltiples frentes abiertos. En el frente político sigue en ebullición el secesionismo catalán. Afortunadamente se ha rebajado el índice de violencia, pero la brecha social sigue ensanchándose. Torra y Sánchez rehúyen el diálogo, sobre todo porque Sánchez está empeñado en sacar todo el rédito que pueda a la campaña electoral del 10-N. El líder socialista necesita mostrar una figura de firme estadista español porque el PSOE está estancado, según dicen las encuestas, y los únicos que parecen rentabilizar el conflicto catalán son el PP y VOX, cuyas tendencias de voto escalan día a día. Así que a Sánchez no le queda más remedio que renunciar a su estrategia de tender puentes y, por el contrario, mostrarse inflexible ante Torra y los independentistas. Ahora toca jugar a ser el capitán Trueno de la españolidad.

Algo parecido ha sucedido con el culebrón de la reinhumación del dictador. Vaya espectáculo mediático totalmente innecesario. Que había que sacar al cruel dictador de su megalómana tumba está claro. Ningún demócrata lo discute. Se ha tardado, pero se ha conseguido. Se ha cumplido con la Ley de la Memoria Histórica. Pero otra cosa son las formas. Y, sobre todo, que el Gobierno no tenga claro qué hacer con el Valle de los Caídos. Es que no se puede montar todo este show y no tener un plan de futuro. Sánchez cada día se parece más a Rajoy. Los dos gobiernan con la estrategia de que el tiempo lo arregle todo. Y no debe ser así. Hay que tener iniciativa, propuestas y decisión. Laisser faire, laissez passer está muy bien para los narcisistas franceses, pero aquí hace falta que se gobierne con energía y con las ideas claras.

La campaña electoral está a punto de comenzar de forma oficial y PP y PSOE coinciden en darse cuenta que, oh, la, la, la, existe la España vaciada. Y los dos líderes realizan viajes relámpagos a las provincias de interior para dejar constancia de que son conscientes de los graves problemas de la despoblación. Claro, que cada uno lo hace a su manera. El líder del PP, Casado, por ejemplo, hace una visita de médico al sur de la provincia leonesa, visita fábricas del sector agroalimentario y promete una política de repoblación, eso sí, sin someterse a las preguntas de los periodistas, a los que sólo convoca para ser testigos de sus palabras, y sin decir ni mú, por ejemplo, sobre la amenaza de la Junta, gobernada por PP y Ciudadanos, de eliminar los consultorios médicos de los pueblos más pequeños. Y, además, sin hacer una referencia solidaria a los afectados por el incendio del histórico pueblecito berciano de Peñalba de Santiago, donde han ardido dos casas y cuyos vecinos no pudieron dar la alerta a tiempo porque no hay cobertura de móviles en esa zona. Toma ya. Ay, la España vaciada e incomunicada. Casado es como el viejo párroco de mi pueblo: haz lo que yo diga pero no lo que haga.

En fin, y en el frente económico, la semana ha sido igualmente trágica: la creación de empleo se estanca, según la última encuesta de la EPA, la peor del tercer trimestre del año en la última década. Sí, vienen nubarrones muy negros, como lo demuestra la rebaja en el crecimiento del PIB, el aumento de la deuda pública, el incremento del déficit de la Seguridad Social y el aviso europeo de que España no cumplirá el objetivo de control del déficit público, lo que puede acarrear sanciones a corto plazo.

¿Las elecciones del 10-N van a proporcionar la estabilidad política que es necesaria para hacer frente a estos grandes retos políticos y económicos? La esperanza es lo último que se pierde, pero lo dudo. Todo hace indicar que nos encaminamos a una reedición del bloqueo y de la ingobernabilidad. Estamos en bucle. Al lado del precipicio.