A Antonio Silván nunca se le había pasado por la cabeza ser alcalde de León. Es más, nunca quiso ni le gustó ser alcalde. Su objetivo era profundizar en su carrera política a nivel regional. Contaba para ello con el apoyo inquebrantable del presidente de la Junta y del PP de Castilla y león, Juan Vicente Herrera. Ambos habían fraguado una estrecha amistad, cimentada en una cercana colaboración y en fuertes lazos de lealtad personal y política.

Y fue precisamente esa lealtad lo que le obligó a aceptar en 2015 ser candidato a la Alcaldía de León. Aunque eso supusiera echar con cajas destempladas al alcalde y compañero de partido Emilio Gutiérrez, quien cuatro años antes había ganado las elecciones por mayoría absoluta. Gutiérrez era un destacado “carrasquista” e Isabel Carrasco había sido asesinada hacía un año. Así que en Valladolid, en el despacho de la Presidencia de la Junta, se orquestó lo que luego se llamaría “Operación Gutiérrez”, es decir desbancar a última hora a Emilio Gutiérrez como candidato a la Alcaldía e imponer a Silván. Un auténtico golpe de estado interno, que contó con la complicidad y ayuda necesaria de destacados medios de comunicación locales, que, mediante encuestas y forzados titulares, crearon el clima necesario para justificar la operación.

Antonio Silván
Silván entra en su último Pleno como alcalde/MC

Silván se resistió, pero Herrera le convenció al incluirle también en la candidatura de procuradores a las Cortes regionales. La estrategia era clara: dar poder y representación a Silván con el fin de que, llegado el momento, pudiera tener opción a ser el sucesor de Herrera al frente de la Junta, gobierno en el que Silván ya había tenido destacadas competencias como consejero y portavoz.

Los objetivos  se fueron cumpliendo: Silván logró la Alcaldía, aunque con muchos menos votos que los obtenidos por su antecesor y compañero Emilio Gutiérrez. PP y Ciudadanos pactaron un programa de gobierno municipal. También Silván logró el acta de procurador en las Cortes de Castilla y León. Ahora ya sólo faltaba que Herrera cumpliese con su palabra, es decir abandonar la Presidencia de la Junta a mitad de legislatura y proponer a Silván como sucesor. Por el camino se quedaron posibles competidores, como la zamorana Rosa Valdeón.

Lo que no contaban Herrera y Silván era que el congreso nacional del PP aprobase la obligación de celebrar primarias para elegir al candidato a la Junta. Herrera y Silván sellaron de nuevo un pacto de hierro ante la insolencia del secretario general del partido, Alfonso Fernández Mañueco, de presentarse también a las primarias, cuestionando la autoridad de Herrera. Pero Herrera y el núcleo duro del gobierno regional tranquilizaron a Silván y le garantizaron el triunfo en cinco provincias: León, Valladolid, Zamora, Burgos y Palencia. El fracaso de la candidatura de Silván fue espectacular. Hasta casi no logra el triunfo en su propia provincia.

Cerrada la posibilidad de ser el sucesor de Herrera, Silván abre la posibilidad de marcharse a Madrid para ocupar un alto cargo en el Gobierno de Rajoy. El triunfo de la moción de censura contra Rajoy pone fin al sueño madrileño de Silván, a quien ya sólo le queda la posibilidad de aferrarse a la Alcaldía de León.

Pero también esta posibilidad se tambalea al hacerse público el sumario de la Trama Enredadera, en la que consta una conversación telefónica entre Silván y el presunto cabecilla de esta trama corrupta, el empresario y editor José Luis Ulibarri, en la que el alcalde le da detalles de una reunión de alcaldes de la zona del Órbigo sobre la mesa de contratación de un concurso público.

La policía entra, justo hace un año, en el Ayuntamiento de la capital, registra despachos y el juez investiga a varios cargos públicos y técnicos. A pesar del enorme escándalo y de las dudas sobre su comportamiento político, Silván logra evitar una moción de censura a cambio de aceptar la propuesta de Ciudadanos para abrir una comisión de investigación, que, al final, no llega a nada, pero permite a Silván blanquear su imagen.

Al final, a Silván, un profesional de la política, sólo le queda la opción de encabezar en 2019 la lista de su partido a la Alcaldía de León. Y, a pesar de todo, casi consigue su objetivo. El equipo electoral de Silván planifica una campaña agresiva y movilizadora, que casi logra la reelección. Una serie de reclamaciones en el recuento de una mesa y el fallo de los tribunales cierra, al fin, el paso a las aspiraciones de ser reelegido como alcalde de León.

Esta misma semana, Silván aseguraba que ejercerá como portavoz de la oposición en el Ayuntamiento. Es su única salida política. Ciudadanos le vetaría para ascender a cualquier cargo en la Junta debido a su presencia en el sumario de la Trama Enredadera, sin olvidar sus frías relaciones con Fernández Mañueco, próximo presidente de la Junta, con el apoyo de Ciudadanos.

A la espera de lo que suceda en Diputación y si al final PP o PSOE consiguen la Presidencia, el PP leonés está abocado a una profunda catarsis, donde jóvenes alcaldes aspiran a insuflar nuevos aires a un partido que necesita una profunda renovación.