“Tierra de libertades”, nuevo libro de Rogelio Blanco

Rogelio Blanco profundiza en las razones que llevaron a los leoneses a sentar un precedente histórico con la celebración de las Cortes parlamentarias de 1188

La reunión en León en 1188 de las primeras cortes parlamentarias del mundo no fue un hecho casual. Había un caldo de cultivo, un sistema de libertades, que hizo posible que el pueblo pudiera ser llamado a participar en unas Cortes. Lo cuenta y lo defiende Rogelio Blanco, escritor, gestor, ensayista, ex director general del Libro y a quien León nunca le estará suficientemente agradecido por su decisiva e impecable gestión a favor de que la Unesco declarase Patrimonio de la Humanidad la memoria de las Cortes de 1188 y los Decreta o la base jurídica salida de esas primeras cortes democráticas.

En una entrevista concedida hace unos meses a este medio, Rogelio Blanco aseguraba que “los leoneses eran hombres libres per se (en 1188). El leonés tenía libertad de movimiento, cosa que no había en otros espacios, no era posible” y argumentaba que “tengamos en cuenta que en este momento histórico el Reino de León tiene más fueros que en el resto de Europa, hay 133 fueros en el Reino de León. Los historiadores se ponen de acuerdo en decir que los leoneses son foreros, es decir sujetos a fueros, que se contraponen a los castellanos, que son pecheros, es decir sujetos a impuestos. Al punto que los fueros de León permiten o se preguntan si un humilde puede irse de su espacio o territorio, que había tres: realengo, abadengo o señoríos, porque en otros sitios el labrador quedaba adscrito a la tierra, pero en León la respuesta es que los humildes u hombres buenos pueden irse setenta veces siete, es decir siempre”.

El periodista le preguntaba entonces si esta libertad histórica del leonés era un hecho que había marcado carácter en el ser del leonés. Y Blanco contestaba que “sí, ha marcado carácter, claro que sí. No sé hasta dónde se puede hablar del modo de ser de los pueblos. Ortega decía que más que naturaleza tenemos historia y Laín Entralgo le corregía y añadía que se es naturaleza-histórica; es decir somos un cúmulo de pretéritos. Eso es la idiosincrasia de los pueblos, que es lo que les hace ser diferentes.

En este sentido, la pregunta que debemos hacernos es porqué en el noroeste de Europa,  es decir en esta esquina de la Península Ibérica sucede este espacio de libertades. El feudalismo en el resto de la península seguía un modelo europeo y duro, mientras que en esta parte del noroeste había límites al poder de los señores. Cuando uno lee el fuero de 1117, se ve como, por ejemplo, si un pendenciero, un delincuente, logra evadirse de la justicia durante un tiempo, queda libre. Y lo mismo que se recomienda que cuando un forastero llega a una ciudad sean acogidos. Esto no es concebible en ningún espacio geográfico salvo en León”.

Rogelio Blanco
Rogelio Blanco

TIERRA DE LIBERTADES

Bien, pues este argumento es la base sobre la que Rogelio Blanco edifica su nuevo libro, un ensayo titulado “Tierra de libertades. Otra historia de León y su viejo Reino”, que acaba de editar la leonesa Eolas, dirigida por Héctor Escobar, y que será presentado nada más que las circunstancias y el estado de alarma lo permitan. El libro ya está a la venta.

En la sinopsis del nuevo libro se asegura que “este ensayo es una invitación a la reflexión. No pretende ser una exaltación nacionalista ni concitar a atender el panegírico que se glosa cuando se otea un cadáver. No. Es la puesta en patena de una parte sucinta de la historia de una región que una y otra vez ha luchado por manifestar su entidad, entre éxitos y fracasos, en periodos radiantes y oscuros, y a través de personajes concretos que han creído necesaria la libertad para sí mismos y para sus congéneres. La historia también se escribe en el agua y en parte depende de la intención de quienes la leen. Ha de buscarse entre los ramajes del bosque, pues hay sendas y claros entre la hojarasca. El ansia de libertad y progreso siempre se ha hallado presente entre los moradores de esta tierra. Es preciso aceptar el pasado, revisar el presente para encarar el futuro en actitud abierta y con mirada amplia”.

Y concluye afirmando que “las páginas aquí presentadas no tratan de ser un relato nostálgico del pasado utilizado como tabla de salvación para un náufrago, sino que pretenden servir para repensar el presente y preparar el futuro”.

ROGELIO BLANCO

Rogelio Blanco es, sin duda, heredero de aquellos humillores (humildes u hombres buenos) que en el siglo XII impusieron al rey, al clero y a la nobleza su presencia en las Cortes de León de 1188, convirtiéndolas en el primer antecedente democrático el mundo. Es una especie de llanero solitario, culto y apasionado por la trayectoria de libertades del viejo Reino de León. Hay quien califica a Blanco de quijote del siglo XXI o de un hombre renacentista, pero la verdad es que es una consecuencia de la Ilustración, de los enciclopedistas que protagonizaron la Revolución Francesa y cuya primera declaración de los derechos fundamentales de la persona se asienta en los antecedentes medievales de la declaración de 1188 en León.

El humanista Blanco, director general del Libro en el Gobierno de Zapatero, tuvo un protagonismo determinante en la declaración de la Unesco en 2013 de Seúl en la que se reconoció oficialmente a las Cortes de 2018, los famosos Decreta, como las primeras del mundo en incorporar al estado del pueblo llano, a unas Cortes que limitaban el poder de la Monarquía y reconocían por primera vez una serie de derechos inalienables de las persona.

Todo este proceso hasta lograr la declaración  de la Unesco en 2013 lo  cuenta Rogelio Blanco en su libro “Las Cortes leonesas de 1188. Primeras Cortes parlamentarias”, el libro que antecede al que ahora acaba de salir a las librerías.