Un amigo y compañero en la Fundación MonteLeón, editora de esta revista digital, ha logrado vencer al maldito coronavirus y ya está en casa en plena recuperación. Me llamó el otro día para hacerme copartícipe de su felicidad y transmitirme un mensaje claro: “Oye, este bicho mata. Tomároslo en serio. Sé de lo que hablo. He estado veinte días mirando fijamente a un armario verde en una habitación de hospital e ir al baño, a menos de tres metros de la cama, era como escalar el Everest. Tomadlo en serio, por favor”. No hace falta desvelar más detalles pero sería conveniente que los medios de comunicación nos hiciéramos eco en espacios destacados de testimonios como éste. Es obligatorio poner cara a las frías estadísticas, a los asépticos números. Detrás de cada nuevo contagiado o fallecido hay una historia real, una familia, amigos, trayectorias y sueños quebrados. No, no es algo que solo le pasa a los otros, a los demás; nos puede pasar a nosotros, a usted, amigo y cómplice lector, a mí, a nuestras familias, a los amigos.

El coronavirus, el bicho, como lo llama mi amigo, está ahí fuera, al acecho y una parte de la sociedad leonesa –la española- está actuando con una irresponsabilidad manifiesta ante esta amenaza real. Por eso ya estamos en toque de queda en toda la Comunidad tras el fracaso de una medida tan radical como el confinamiento. Afortunadamente son muchos los contagiados que logran recuperarse, pero otros aumentan las ya enormes listas de fallecidos. Y dicen los expertos que esta segunda oleada de contagios no ha hecho nada más que empezar. Quiénes de verdad saben algo del virus aseguran que nos esperan unos meses terribles.

A pesar de estos mensajes, testimonios e imágenes, la realidad nos muestra a unos políticos incapaces de ponerse de acuerdo en fijar unas mínimas bases de actuación comunes frente al coronavirus. A ver qué decisión toma esta mañana el Gobierno. Pero hasta ahora hemos preferido derrochar todas las energías en discutir si es mejor que un toque de queda debe empezar a las 21:00h, a las 22:00h o  a las 00:00h o si es mejor aplicar ésta o aquella ley, en virtud de que la propuestas coincida con mi ideología o con la del contrario, como si este maldito virus entendiera de fronteras físicas, de colores políticos, de edades, sexo o poder adquisitivo. Este virus es tan malditamente democrático que puede afectar a todo el  mundo por igual. Tremendo.

Sí, este virus mata y no solo la vida física, que es lo peor que nos puede pasar, sino también la economía. Y la prioridad debe ser la vida, la salud, la sanidad, salvar vidas y evitar contagios. Sin vida no hay economía. Es cierto que hay grandes colectivos económicos afectados gravemente por los efectos de la pandemia, sí y la discusión debería centrarse no en si deben mantener o no la actividad sino en cómo aliviar y mitigar las pérdidas económicas irremediables derivadas del cierre de esas actividades.

Todas las administraciones públicas han puesto todos sus recursos disponibles en la tarea de evitar el colapso sanitario y preservar la salud de los ciudadanos y, en segundo lugar, para mantener la fluidez de la economía en tiempos difíciles. Compatibilizar estas dos prioridades es tan difícil que se ha convertido en el centro de la discusión, olvidando que el auténtico nudo gordiano no es si primero fue el huevo o la gallina sino derrotar y extinguir al maldito virus, el auténtico causante de esta tragedia.

Por eso todos los días, al despertar y notar que estoy vivo y sano, recuerdo los consejos de mi amigo superviviente: “Oye, este bicho mata. Tomároslo en serio”.

La vida, la responsabilidad y la solidaridad en tiempos convulsos es lo verdaderamente importante. Cuidaros. Hasta siempre, lectores.