La economía sigue esperando. A los políticos. A que terminen esta especie de cortejo prenupcial en el que se ha convertido la negociación para el reparto del poder en ayuntamientos, diputaciones, autonomías y Gobierno central. Sí, no se olvide que en abril hubo elecciones generales, que las ganó el PSOE y que aún el país está esperando a que Pedro Sánchez mueva ficha para formar Gobierno. Afuera, donde ya no hace frío, esperan los ciudadanos. Intranquilos. Hay que tomar decisiones urgentes.

Por ejemplo, el Banco de España –ay, el Banco de España y su falta de credibilidad- avisa de la desaceleración económica, de la ralentización en la creación del empleo, de los peligros del Brexit y de las tensiones internacionales y de la caída del consumo nacional. Vamos, casi las siete plagas de Egipto. Y, por el otro lado, los sindicatos, que se impacientan ante las demoras de Sánchez en la toma de decisiones de corte económico. Y avisan: presionarán para forzar la derogación de las reformas laborales de Zapatero y de Rajoy. Sobrevuela la incertidumbre de los riesgos de una huelga general a medio plazo. Sí, sí. Se acorta el tiempo de espera. Después del verano se analizará la composición del Gobierno y las primeras medidas. Tras los primeros cien días, los sindicatos moverán ficha. Se aproxima un invierno caliente.

Y, bueno, al otro lado de los Pirineos, en Bruselas se avisa a España de que sus cuentas nacionales no cuadran. Que está bien que el déficit parezca que esté bajo control, pero que la deuda pública está disparada –de la deuda privada nadie habla- y que hay pendientes de realizar ajustes y recortes por un importe de 16.000 millones de euros. Sí, 16.000 millones de euros, que Pedro Sánchez quiere cubrir con subidas de impuestos y con una mayor inspección fiscal urbi et orbe.

Muchas asignaturas pendientes, que se resolverán cuando a la vuelta el verano el nuevo Gobierno, si es que a esas alturas tenemos nuevo Gobierno, presente el borrador de los Presupuestos Generales del Estado para el año 2020. Ese será el Rubicón de Sánchez. Al otro lado del río le estarán esperando con las armas cargadas los empresarios, los sindicatos, sus socios de Podemos y toda la oposición, con Ciudadanos y PP a la cabeza. Tremendo.

En fin, por ahora sólo queda esperar a que este próximo fin de semana se constituyan los nuevos ayuntamientos y seguidamente las diputaciones y las comunidades autónomas. Se avecinan cambios. Y serán importantes porque están en juego cientos de millones de euros en ayudas y subvenciones a miles de asociaciones, patronales, sindicatos, fundaciones y colectivos de todo tipo que no podrían sobrevivir ni justificar su existencia sin esta especie de maná económico, que, en muchas ocasiones, sólo sirve para generar fidelidades políticas. Y poco más.

Un ejemplo. En el caso más que probable que el actual alcalde de León, Antonio Silván, no repita en la Alcaldía ¿desvelará quiénes son esas empresas que él anunció en pleno éxtasis de la campaña electoral que estaban dispuestas a convertir el edificio de El Portillo, de la extinta Caja España, en un segundo Parque Tecnológico de León? ¿o se llevará el secreto a la tumba política? ¿o iba de farol?

Vamos a esperar.