Ajenos a toda polémica continúan los trabajos de restauración del gran rosetón de la fachada oeste de la Catedral de León. Ya ha sido retirado el gran trampantojo que cubría toda la fachada desde hace año y medio. Ello permitirá la colocación de las vidrieras que lo integran y que han sido restauradas en el taller propiedad del Cabildo de la Catedral. La restauración ha afectado sobre todo al emplomado de la vidriera que estaba en muy mal estado por ser de “pésima calidad”, según se ha afirmado reiteradamente desde el Cabildo.

Se espera que las vidrieras estén colocadas a final de año y que inmediatamente se proceda a su reinauguración. Mientras tanto, siguen los ecos de la polémica abierta desde el propio Cabildo cuando su administrador, Mario González, desvelaba en rueda de prensa que a finales del siglo XIX se sustituyeron vidrieras originales del siglo XIV por otras del XIX, sin que el Cabildo de entonces tuviera conocimiento de ello.

Sostiene el Cabildo que ese posible “cambiazo” se hizo en el taller que el arquitecto Antoni Rigalt poseía en Barcelona, a donde viajaron los cristales del rosetón para ser restaurados. Las vidrieras originales del rosetón representaban a la Virgen y a doce ángeles. En este sentido, la nueva restauración de estas vidrieras han desvelado que del diseño original sólo quedan algunas caras y manos, lo demás son cristales del siglo XIX, una auténtica recreación muy al gusto de la época.

Catedral de León
Imagen de la fachada sin el trampantojo /MC

A pesar de las dudas abiertas por algunos especialistas sobre si las vidrieras de rosetón viajaron o no a Barcelona, el Cabildo ha abierto una investigación y algunas conclusiones preliminares parecen demostrar que efectivamente estos cristales viajaron por ferrocarril a Barcelona. El Cabildo posee un recibo de entrega de varios cajones con vidrios que fueron recogidos en la estación de ferrocarril procedentes de Barcelona. Otra prueba sería el análisis de los cristales tintados de verde, un color con una peculiaridad que sólo se detecta en este rosetón y no se repite en ninguna otra vidriera de la Catedral, lo que evidenciaría un origen distinto.

Además, está el emplomado que se usó para unir los cristales y que es de pésima calidad, un tipo de  plomo que tampoco se ha detectado en otras vidrieras del templo.

FUNDACIÓN CEPA

La restauración y recolocación del este gran rosetón, santo y seña de la Catedral, se ha financiado con la aportación altruista de la Fundación Cepa, que ha aportado cerca de 400.000 euros, una cantidad que no sólo se ha invertido en el rosetón sino en algunos elementos arquitectónicos de piedra de la fachada.