Con un largo comunicado, repleto de censuras y críticas al Cabildo de León, Samuel Rubio ha presentado su dimisión irrevocable como director del Festival Internacional de Órgano Catedral de León, tras permanecer en el cargo 37 años. La principal causa de la dimisión es la elección del nuevo organista, tras la jubilación reglamentaria de Rubio al cumplir 75 años, de Francisco Javier Jiménez, procedente de la diócesis de Guadix, persona que “no considero en absoluto persona cualificada para la responsabilidad que corresponde al organista titular de la catedral de León” asegura Rubio.

Samuel Rubio lamenta que el Cabildo no haya tenido en cuenta su opinión a la hora de la elección del nuevo organista ni la del actual organista residente. “Me duele cuando pienso que todo el trabajo ya hecho puede desmoronarse, dado el poco interés que se aprecia para continuarlo”.

Dado el alto interés del documento, reproducimos a continuación el texto íntegro de la carta de dimisión de Samuel Rubio:

“Con motivo de la elección de nuevo organista

Por aquellos años ´80 caminábamos en León por un desierto cultural del que no se libraba la catedral. Convencidos de que el motor y alma de la liturgia, y más en la catedral, es la música, un grupo de personas inquietas por la cultura creamos en octubre de 1984 una Asociación sin ánimo de lucro en cuyos estatutos se indicaba como fin principal el de promover la construcción de un nuevo órgano acorde con la dignidad de la catedral. Nunca pensamos que tardaríamos treinta años en ver el proyecto realizado; de hecho, dificultades y problemas de tipo económico, político y social, acompañadas de la falta de sensibilidad y exceso de orgullo de quienes se iban sucediendo en el mando de las distintas instituciones, se encargaban de destruir por la noche lo que se había construido por el día, parafraseando la conocida leyenda del topo de la catedral. Éramos conscientes de habernos metido en una aventura incierta, pero a la vez apasionante, por lo que la fuerza de ánimo nunca nos faltó; así que, gracias a la constancia y convencimiento de la importancia del proyecto, conseguimos finalmente, en el año 2013, instalar en el coro de la catedral “el mejor Órgano de Europa”, a juzgar por los titulares de los medios de aquellos días. Se podría pensar que, cumplido el objetivo, habíamos llegado a la meta, pero nada de eso; ahora comenzábamos la verdadera andadura, y el gran órgano contribuyó, y de qué manera, a trasladarnos al pasado y a escuchar a los vitrales y a las piedras, como registradoras del tiempo, los mensajes que nuestros antepasados nos habían dejado. Atrás quedaban 30 años de penurias y problemas proporcionados por el maltrecho viejo órgano. Atrás quedaban 30 años de discusiones peregrinas sobre la necesidad de un nuevo órgano o de su correcta ubicación. Atrás quedaban 30 años protagonizados por la incertidumbre, pero esperanzados en un futuro próximo que nos haría rememorar la “escuela” de las capillas musicales. Habíamos conseguido el instrumento de trabajo. ¿A qué esperábamos? No podíamos estar parados; la misión encomendada no había hecho más que empezar, teníamos que transmitir a nuestros descendientes nuestra propia huella, y el nuevo órgano nos ayudó en esta tarea: festivales, conciertos, ciclos de órgano, ediciones integrales, obras de encargo, nuevas composiciones creadas por compositores consagrados y destinadas a ser incorporadas al archivo de la catedral, actividades como “Liturgia, Palabra y Música” y por supuesto acompañamiento musical en las grandes solemnidades litúrgicas, contribuyeron a enriquecer ese espacio de luz y sonido que es nuestra catedral.

Samuel Rubio, en la última presentación del Festival Internacional de Órgano /MC

En el momento de escribir estas líneas me encuentro confinado, como todo el mundo, debido a ese enemigo invisible llamado Covid-19. Dicho confinamiento me ha regalado todo el tiempo del mundo para pensar y tengo que decir que hay momentos en la vida, y este es uno de ellos, en que pensar… duele.

Me duele cuando pienso que, habiendo dedicado los últimos 43 años de mi vida al servicio de la música en la catedral, al ocupar por oposición el cargo de organista titular, fui “olvidado “a la hora de ser incluido dentro del grupo asesor, para evaluar a los candidatos a la plaza de organista. En ningún momento se solicitó mi opinión al respecto.

Me duele cuando pienso que no se haya tenido en cuenta la propuesta presentada normalmente por mi parte, tanto al obispo como al cabildo, con motivo de mi jubilación. Allí se reflejaba la conveniencia del nombramiento del hasta entonces organista residente de la catedral, intérprete de reconocido prestigio internacional y capaz de continuar desarrollando un proyecto litúrgico y cultural acorde con la dignidad del templo y del propio órgano; de esta manera nos equipararíamos por fin a las grandes sedes europeas como Westminster, Colonia o Notre Dame.

Me duele cuando pienso que parte del cabildo no haya tenido en cuenta no solo mi recomendación, sino también la propuesta que en el mismo sentido el propio obispo apoyó.

Me duele cuando pienso que nadie haya conectado con el organista residente de la catedral después de su presentación al cabildo por parte del obispo.

Me duele cuando pienso que no se valora lo suficiente la adquisición de un órgano llamado a ser un “grande de Europa”.

Me duele cuando pienso en la infrautilización a lo largo de todo el año de un instrumento de categoría superior, tanto en el ámbito litúrgico como en el artístico.

Me duele cuando pienso que parte del cabildo no haya considerado la posibilidad de aglutinar culto y cultura en una persona de rango internacional, que, aunque sea seglar, dé prestigio y de manera excelsa a la catedral en sus giras internacionales.

Me duele cuando pienso, con todos mis respetos, que se haya elegido para el cargo de organista a un candidato que no considero en absoluto persona cualificada para la responsabilidad que corresponde al organista titular de la catedral de León.

Me duele cuando pienso que, teniendo una catedral sublime, un órgano referente en Europa y un largo recorrido cultural reconocido internacionalmente, podamos quedar, a pesar de todo, fuera del concurso europeo, marcado ya por prestigiosas catedrales del continente.

Me duele cuando pienso que todo el trabajo ya hecho puede desmoronarse, dado el poco interés que se aprecia por continuarlo.

Me duele cuando pienso cómo la sociedad avanza sin pausa hacia la banalización de los ideales que, a mi entender, deberían constituir el pilar de nuestro desarrollo. La paulatina sustitución de la CULTURA por una industria del espectáculo como bien de consumo, la carencia de una verdadera política cultural que ponga coto a la mercantilización del patrimonio histórico y artístico nos devalúa como sociedad. He llegado a pensar que puede no tener cabida en este momento el proyecto que he defendido durante casi cuatro décadas.

Mis reflexiones no pretenden ser ni un consejo, ni una recomendación, ni menos un mandato; se trata de una sencilla opinión, personal y dictada por mi conciencia que me obliga a decir lo que pienso después de 43 años vividos con cariño, dedicación y mucha vocación a la catedral.

Por todo lo cual, creo que ha llegado la hora de finalizar periplo. Nadie me obliga, nadie me empuja a salir. Soy yo que voluntaria y libremente, y como presidente de la Asociación “Amigos del Órgano”, doy por concluida una etapa de mi vida dedicada al Festival Internacional de Órgano “Catedral de León”. Han sido 37 años consecutivos muy llenos de ilusiones, con dificultades en el camino, pero orgulloso de haber  realizado una labor que siempre recordaré con satisfacción y sobre todo con la conciencia del deber cumplido.

Para finalizar, quiero dar las gracias a todas las personas e instituciones que me han apoyado a lo largo de todos estos años: los varios obispos y cabildos que han sido, la Asociación “Amigos del Órgano” por su cercanía constante, los centenares de organistas que por aquí han pasado, orquestas, solistas vocales e instrumentales, coros, equipo del Festival con Marta y Fernando a la cabeza, amigos fieles e imprescindibles. Ellos dos han sido firmes contrafuertes que supieron mantener en pie todo el proyecto. Estaré eternamente agradecido.

Y a todos, sencillamente, gracias. Samuel Rubio

Canónigo Organista Emérito de la S.I.Catedral de León

Director del Festival Internacional de Órgano “Catedral de León”

Presidente de la Asociación Amigos del Órgano “Catedral de León”