En los últimos días se ha  hecho públicos tres informes sobre la situación económica de la provincia: Hispalink, Unicaja y Cámara de Comercio/Universidad. Los tres retratan la misma situación: la economía provincial está en la sala de cuidados intensivos. La economía leonesa no se ha declarado en suspensión de pagos porque no existe legalmente esa figura, pero la realidad es que León necesita muchos más recursos de los que produce. Los jubilados leoneses, por ejemplo,  cobran sus pensiones gracias a la solidaridad nacional.

La leve recuperación de la economía provincial en los últimos años se debe a la inercia nacional y a que los jóvenes siguen emigrando, lo que provoca un descenso de la población activa y, consiguientemente, una bajada del índice de desempleo. León se ha convertido en una máquina de creación de empleo eventual y precario gracias al despegue del sector Servicios, sobre todo Hostelería. La única alternativa económica de León a corto plazo es convertirse en un parque temático de Servicios.

Los tres informes coinciden en que no ha habido una alternativa a la desaparición de la locomotora de la minería del carbón y sus industrias auxiliares como las centrales térmicas. Es más, cierra una empresa como Vestas y las exportaciones leonesas se hunden. Se quema una empresa chacinera y todo el sector entra en crisis. Inditex abre una planta logística y las estadísticas señalan que la industria textil leonesa repunta, aunque sólo en el papel porque aquí no se fabrica nada. Llueve y hay una cosecha aceptable; no llueve y es una catástrofe. Todo depende de la providencia. En pleno siglo XXI.

Es decir, no hay pulmón industrial. No hay diversificación de sectores productivos. Hay iniciativas que se vienen anunciando desde años como grandes promesas, pero no acaban de concretarse ni de liderar el crecimiento, como son los sectores tecnológico, agroalimentario o químico-farmacéutico. Sólo son islotes, excepciones que confirman la regla. La tasa de actividad económica de la provincia es una de las más bajas de España.

Este es el contexto en el que en los últimos días se ha conformado el nuevo gobierno de Castilla y León y, sobre todo, el gobierno de la Diputación Provincial. También ha echado a andar el nuevo equipo de gobierno de la capital leonesa. Los tres nuevos gobiernos anuncian lo mismo: el cambio. Da igual su color político. Los tres gobiernos quieren romper con el pasado, superar la inercia pesimista y sacar a León de su postración. Los tres gobiernos anuncian las mismas intenciones: diálogo, consenso, pisar el terreno, gobernar para todos y abrirse a los ciudadanos porque todos aseguran haber comprendido la intención de los electores, es decir aunar voluntades para crecer. Dar soluciones.

¿Les damos un voto de confianza? Claro que las esperanzas se vienen abajo si se contempla el deprimente espectáculo que a nivel nacional protagoniza el PSOE, incapaz de formar gobierno casi tres meses después de las elecciones generales. La culpa será del maestro armero, pero quien tiene la responsabilidad de gobernar es el PSOE.

Para provincias del montón, de la España vaciada, como León, que haya un Gobierno central estable es fundamental para su futuro. Gran parte de los proyectos en marcha en la provincia dependen de los Presupuestos Generales del Estado. Es más, el pacto PSOE-UPL en la Diputación se basa en gran parte en desbloquear o poner en marcha proyectos que dependen de la iniciativa del Gobierno central. Y si no hay Gobierno, no hay proyectos. No hay esperanza. No hay optimismo.  A ver qué pasa mañana y pasado en el Congreso.