A todos los ciudadanos que votaron (o no) ayer:

Siempre defenderé a capa y espada la máxima de “un ciudadano, un voto” y la reforma de esta Ley Electoral nuestra, tan injusta, que hace por ejemplo que un partido con el 6,79% de los votos tenga menos representación en el hemiciclo que uno que suma apenas el 3,61% de los mismos. Pero igual no soy tan «sabia» como yo me creo.

Sin embargo esta carta no va de eso, porque al final, desgraciadamente cambiar la ley no depende – al menos no de forma directa – de nosotros. Pero hay cosas que sí, y en ellas nos jugamos el futuro aún más que en lo que votamos ayer, si cabe.

Porque en un sistema democrático, para bien o para mal, caben las posturas de todos, dentro del respeto a la Constitución y la Ley. Y esto no lo digo yo, lo dice el artículo 6 del Título Preliminar de Nuestra Constitución, que regula junto a la Ley Orgánica 6/2002 la creación, organización y funcionamiento de los Partidos Políticos.

Aunque ahora la Constitución y la Ley han pasado a un segundo plano. Ahora la democracia y la frontera entre el bien y el mal, las marca la “sabiduría cuñada” que campa a sus anchas por las redes sociales, ya lo saben.

Ayer a eso de la media noche, con casi todos nuestros votos escrutados, aquellos que se creen poseedores de la verdad absoluta, iniciaron sesión en Twitter o Instagram para convertirse en adalides de la libertad y de la tolerancia insultando – e incluso amenazando de muerte – a muchos de aquellos que representaban o habían votado una opción diferente de la suya, algo, por otra parte, típico de ideologías totalitarias y antidemocráticas que últimamente están en boca de todos, pero sobre todo de estos paladines de la justicia. Paradójico ¿no?.

Y así, los que de buena mañana pedían a la gente que fuese a votar porque lo importante era ejercer nuestro derecho como ciudadanos, al llegar la noche se arrepentían de haberlo hecho, indignados con un resultado que no iba en la línea de lo que ellos – que parece ser son los que saben lo que es bueno para todos – esperaban. Ya han aprendido la lección y estoy segura que para la próxima, nos dirán específicamente a quién tenemos que votar para evitar malentendidos.

Aún seguimos haciendo sumas de izquierdas y de derechas sin darnos cuenta de que eso ya es parte de un pasado que no volverá. Ahora nuestra supervivencia depende de que – primero nosotros y después los que nos representan – nos demos cuenta de que ninguno tenemos la verdad absoluta, de que dialogar y encontrar los puntos en común con quien piensa diferente – por pequeños que sean – es lo único que nos hará avanzar. No necesitamos del “pactómetro” ni de la aritmética, necesitamos de Hombres, de Mujeres y de Pactos de Estado (nótense las mayúsculas).

Quizá deberíamos preguntarnos en qué demonios estamos convirtiendo a nuestra democracia, donde campan a sus anchas el insulto y la intolerancia a lo diferente. Donde estamos tan cegados por lo que nos separa que somos incapaces de dialogar para ver lo que tenemos en común. Donde algunos parecen sentir sus colores políticos como aquellos del equipo de sus amores.

Créanme, yo mejor que nadie entiendo que uno nazca y muera siendo del Atleti, sin importar quien entrena ni cómo, sin importar la alineación del equipo o sobre todo, sin importar si se gana o se pierde… Pero no sé qué piensan ustedes, a mi entender el fútbol es pura pasión mientras que la política debería ser otra cosa.

Raquel Canseco