Mucho hablan los periodistas y los políticos de la situación de los autónomos pero ahora que una nueva crisis parece cernirse sobre todos, éstos últimos se encuentran con que poco o nada se ha avanzado en sus condiciones desde que, a duras penas, los que pudieron hacerlo, superaron la última.

Y una vez más, se arengará desde los púlpitos, se pedirá esfuerzo y responsabilidad para sostener al país a esos que ya muchas veces luchan contra titanes de todo tipo por sacar adelante a sus familias.

Llama la atención que el país europeo donde los pequeños y medianos empresarios – en concreto el 99,8% siendo la mayor parte de ellos autónomos – representan la casi totalidad del tejido empresarial sea precisamente el que posee una de las condiciones para el emprendimiento más duras.

La cuota de autónomos en Europa (Fuente: El Autónomo Digital)

Ante las políticas de empleo fallidas, los ajustes laborales ante las malas perspectivas económicas, el cierre de muchas empresas o las dificultades de los desempleados más mayores o las mujeres tras ser madres de reincorporarse al mercado, son cada vez más los que ven el emprendimiento – es decir, el autoempleo – como la salida a una situación que les aboca al abismo.

Pero a  veces uno se pregunta si no es, como decían sabiamente nuestras abuelas «salir de la sartén para caer en las brasas». Cuotas casi leoninas, uno de los IVAs más altos de Europa – que se ven casi siempre obligados a adelantar antes de cobrar las facturas – y subidas en las retenciones de un IRPF ya de por si elevado.

No podemos seguir exigiendo valentía a unos emprendedores que ya, sólo por emprender, la han demostrado. No valen parches. No se trata de alargar unos meses las cuotas reducidas. Hace falta una Ley de Emprendedores y hace falta ya, antes de que la próxima crisis sea una realidad. Si no, más nos vale que Dios nos pille confesados.